De argumentos científicos, triángulos y aceitunas
Es muy difícil establecer en qué momento los hombres desarrollaron la capacidad de hablar. Muchos historiadores consideran que existió un primer lenguaje común; es posible que muchos idiomas actuales, como el castellano, el inglés, el francés o el alemán, deriven de ese primitivo lenguaje inicial.
Se supone que en ese lenguaje existía un sonido especial para designar lo que nosotros denominamos rayo y, en general, a todo aquello que brilla con fulgor. Ese sonido es parecido a la expresión argh. Esa partícula se conservó en el verbo castellano argumentar. Y un argumento es, sin duda, un conjunto de conceptos que dan brillo a una idea determinada.
Esto es, en realidad, muy importante, porque los argumentos sirven para persuadir, para convencer amigablemente, y también para acceder al conocimiento de lo que se entiende como ciencia.
Hasta donde sabemos, los primeros argumentos o argumentaciones científicas se iniciaron cuando el lenguaje y la escritura ya estaban muy desarrollados, hacia el año 600 antes de Cristo.
Luego, sobre una mesa, le mostró a otros sabios que juntando las "orejas", una a continuación de otra, se formaba un borde recto:
Como cada vez que Tales y sus amigos acomodaban las orejas de un triángulo una a continuación de otra, obtenían un borde recto, concluyeron que la suma de los ángulos interiores de un triángulo formaban un ángulo llano. Y muchos se convencieron de que la demostración era correcta.
Sin embargo, otras personas se burlaban de Tales y decían que las cuestiones que le preocupaban no servían para nada. En particular, que no servían para ganar dinero.
Al año siguiente, de acuerdo con lo que Tales había previsto, hubo una tremenda producción de aceitunas, y muchos dueños de olivares, que lo habían criticado, acudieron a él, pues se había convertido en el único propietario de las prensas aceiteras. Como Tales era un hombre tranquilo, justo y sabio, no abusó de su posición y cobró el uso de las prensas a un precio muy razonable. Así fue como hizo una pequeña fortuna. A raíz de esto, solía argumentar en rueda de amigos: "La Matemática y la ciencia pueden generar mucho dinero si se lo proponen, pero ese no es su objetivo principal."
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Tomado de: Miró, R (1999) Catorce Relatos Matemáticos. Obra realizada por el equipo de Ángel Estrada y Cia. bajo la dirección de la Lic. Silvia Jauregui . Buenos Aires, Argentina.






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