De inventores , triángulos y circunferencias
El profesor Vórtix es un hombre de ciencia, que trabaja en el laboratorio con su joven ayudante Véctor. Vórtix, además de muy bondadoso, es también un gran bromista, y muy frecuentemente pone en aprietos a Véctor con sus preguntas extrañas y sus terribles problemas.
Una tarde, el profesor Vórtix le dijo a su ayudante:
―Lo felicito, profesor. Pero ¿no es peligroso lo que hizo? ¿El sótano no estará a punto de explotar? ¡No sé por qué siempre me cuenta las locuras que hace!
―No hay ningún peligro, Véctor. Y el hecho es que en esta oportunidad te lo cuento porque quiero que me ayudes con una duda que se me presentó. Me parece que la mezcla de moléculas pintadas tiene la siguiente propiedad: siempre es posible elegir tres moléculas del mismo color que sean los vértices de un triángulo equilátero. No estoy seguro de esto, pero si mañana me traes la respuesta correcta vendrás conmigo a la "Feria de Inventos", de Nueva York, que se celebrará a fin de año.
Véctor no pudo dormir durante toda la noche. Como joven experto en inventos que era, tenía colecciones enteras de revistas sobre el tema, además de cientos de contactos en la Internet con asociaciones de inventores a lo largo y a lo ancho del planeta. Concurrir a la "Feria de Inventos" sería toda una gloria. Afortunadamente, sus años de trabajo junto al profesor Vórtix no habían pasado en vano. Llenó muchas hojas con dibujos y croquis acerca del problema que planteaban las dudas del profesor. ¿Se trataba de una duda o era otra de sus bromas pesadas?
―Estimado profesor ―le dijo a Vórtix, ni bien lo vio entrar al laboratorio― , tengo la respuesta al interrogante que me planteó ayer.
―Muy bien, Véctor. ¿A qué conclusión arribaste?
―He arribado a lo siguiente, profesor. De manera absolutamente cierta, siempre es posible encontrar en el aire inmóvil del sótano tres moléculas de aire del mismo color, que son los vértices de un triángulo equilátero, tal como paso a explicarle: como usted pintó la mitad de las moléculas del sótano de color azul y la otra mitad, de color oro, es seguro que puedo encontrar, por ejemplo, dos moléculas azules separadas por una distancia d. ¿Hasta aquí está de acuerdo?
―Completamente de acuerdo -dijo el profesor―, pero todavía falta mucho para hacer un triángulo. ¿Qué más?
―¡No se apure, profesor! Como ya encontré dos moléculas de color azul, avanzo hacia arriba a partir del punto medio entre las dos moléculas hasta el lugar en donde está la molécula que corresponde al tercer vértice del triángulo equilátero. Y ya está: eso es todo.
―¿Ah, sí? Me parece que te falta algo, Véctor. ¿Y si la molécula que está en ese lugar es de color oro?
―No insista con eso de hacer que no entiende, profesor. El problema está completamente resuelto. Suponga que el círculo que describí en el aire para encontrar una molécula azul sea todo color oro. ¡Entonces, queda resuelto el problema!
―¿Por qué, Véctor?
Tomado de: Miró, R (1999) Catorce Relatos Matemáticos. Obra realizada por el equipo de Ángel Estrada y Cia. bajo la dirección de la Lic. Silvia Jauregui . Buenos Aires, Argentina.







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